Redacción
- 30/10/2004
Los líderes de los Veinticinco han firmado en Roma el Tratado de la Constitución para Europa. Tras dos años de preparativos y duras negociaciones, la Unión Europea ve nacer su propia Carta Magna, un texto que deberá ser ratificado por cada país, bien por vía parlamentaria o bien mediante referéndum, como es el caso de España, a fin de entrar en vigor en 2007. La Constitución de la UE, cuyo primer tratado constitucional se firmó en Bruselas el 13 de junio de 2003, velará por los derechos de los europeos por encima de la Carta Magna de cada país miembro. El preámbulo finalmente, no hará ninguna alusión a las raíces cristinas de Europa pero sí garantizará la libertad religiosa.
La sala de los Orazi y los Curiazi, donde nació en 1957 la Comunidad Económica Europea (CEE), ha sido el escenario elegido por el Gobierno italiano para celebrar el acontecimiento histórico de la firma de la Constitución Europea. Acompañados de sus ministros de Exteriores, los Jefes de Estado o de Gobierno de los Veinticinco estados miembros, han rubricado el Tratado Constitucional. El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido el séptimo en firmar la Carta Magna europea, en presencia del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. La disposición final la han suscrito también los representantes de los tres países candidatos a entrar en la Unión: Turquía, Rumanía y Bulgaria que, junto a Croacia, han estado presentes en Roma como países invitados.
Pero la solemnidad del Acto celebrado en Roma no ha podido ocultar las dudas que despierta la fase decisiva del Tratado antes de su entrada en vigor, que es la de la ratificación por la vía parlamentaria o la del referéndum. Hasta el momento once países, entre ellos España, Francia y Reino Unido, han anunciado que convocarán a las urnas a sus ciudadanos, mientras que cinco, uno de ellos Italia, se han decantado ya por la votación en el Parlamento. Zapatero se ha comprometido a servir de guía con el primer plebiscito europeo, previsto para el 20 de febrero, afirmando que "nuestro voto tendrá una dimensión continental e influirá en las opiniones públicas de otros veinticuatro países". Además, ha añadido que "Europa nos mira. Vamos a ser una referencia y un ejemplo y estoy convencido de que los españoles vamos enviar un claro mensaje de europeísmo situándonos a la vanguardia de la construcción europea".
La polémica inclusión en el Preámbulo de la Constitución de una referencia a las raíces cristianas de Europa, al final no figurará. Ni Dios, ni el cristianismo, ni los antecedentes históricos judeocristianos se encuentran en el texto final de la Carta Magna. El cardenal Giovanni Lajolo, "ministro de Asuntos Exteriores" del Vaticano, ha lamentado de nuevo que la Constitución Europea no haga alusión a las raíces cristianas de Europa, precisamente el día en que los jefes de Estado y de Gobierno de los Veinticinco firman el nuevo Tratado constitucional. "La mención de las raíces cristianas de Europa en el preámbulo del Tratado era un gran deseo para numerosos ciudadanos de este continente, católicos, ortodoxos y protestantes", ha declarado el alto prelado al diario 'La Stampa'. Además, ha añadido que "más que el prejuicio anticristiano -que no sorprende- es la miopía cultural lo que asombra: porque decir 'raíces cristianas' no quiere decir un límite ideológico, sino la memoria del germen producido en la historia de Europa, y a partir de Europa, difundido en todo el mundo". Además, ha dicho, "eso no podía de ninguna forma mermar, como algunos temían, la laicidad, la 'santa laicidad', de la estructura política". La Constitución sí contempla y garantiza la libertad religiosa de todos los miembros.
Con motivo de la firma de la Constitución Europea, el Papa Juan Pablo II, ha recibido al Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, un encuentro en el que Su Santidad ha subrayado que el cristianismo, en sus diferentes expresiones, ha contribuido a la formación de una conciencia común de los pueblos europeos y ha ayudado enormemente a plasmar sus civilizaciones. "Ya sea reconocido o no en los documentos oficiales", ha dicho el Papa, "éste es un dato innegable que ningún historiador podrá olvidar".