Monseñor Agustín García-Gasco, cardenal-arzobispo de Valencia
- 28/03/2004
Las víctimas directas del terrorismo son las que sufren los atentados y sus familias. Nunca mantendremos suficiente memoria y el reconocimiento del dolor de quienes han sufrido el látigo amargo de la violencia terrorista. Las víctimas del terrorismo deben seguir ocupando un lugar central en nuestra preocupación humana y en nuestro compromiso ciudadano.
El terrorismo envenena la convivencia, y de un modo especial la comunicación política. La forma más sutil de la perversión terrorista se produce en la propia comunidad política. Ante el horror terrorista la comunidad política y toda la ciudadanía quiere responder con eficacia, liberarse de tanta pesadilla y tanto dolor. Y como no todos coincidimos en el modo de hacer frente al terrorismo, los terroristas utilizan las legítimas diferencias para sembrar discordia y división. Los terroristas consiguen sus objetivos cuando, ante la brutalidad de los atentados, en lugar de parecer ellos los culpables, pasan a serlo quienes se oponen al terrorismo con más contundencia.
Ante la violencia terrorista, la ciudadanía puede optar por una respuesta ética de rechazo sin fisuras ni pactos, o por una postura pragmática, utilitarista, que en lugar de acabar con el terrorismo, lo que busca es escapar de sus efectos en beneficio del propio grupo o de la propia comunidad. La postura ética rechaza la negociación con los terroristas y se solidariza con todas las víctimas del mismo. La postura pragmática prefiere la ambigüedad para conseguir un beneficio particular.
A raíz de los sucesos del once de marzo, he invitado a las comunidades católicas de la Archidiócesis a reflexionar sobre la Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias. Encontramos en ella una reflexión moral exacta y clara sobre el terrorismo, de la cual hay que saber extraer las oportunas consecuencias políticas.
El terrorismo mata y destruye para crear un clima de terror o inseguridad con una intención totalitaria. La maldad del terrorismo es anticristiana pues atenta contra bienes tan preciados por la Iglesia como la vida humana, la seguridad y la libertad de las personas. Además actúa de forma traicionera e indiscriminada para debilitar el orden político legítimo para imponer otro sistema político. Los terroristas intentan presentar sus actos criminales como si pudieran estar justificados por una interpretación ideológica.
Hay que señalar con toda claridad que la actividad terrorista trata de eludir el juicio moral de sus crímenes. Por eso, culpan a quienes se oponen al terrorismo de ser los causantes de la violencia que los mismos terroristas ejercen.
Los únicos responsables de los actos terroristas son los propios terroristas, y quienes los justifican, amparan, jalean, encubren o hacen causa común con ellos. Todo gobierno, tanto el actual como el que está surgiendo de las elecciones, necesita del apoyo incondicional de la ciudadanía para poder luchar con ética y eficacia contra el terrorismo. Huyamos con determinación del veneno que los terroristas dejan en la vida social.
Los cristianos somos siempre hombres y mujeres de paz. El terrorismo es la más grave lacra que sufre la paz en el tercer milenio. Como Pastor de la Iglesia en Valencia, os propongo que todos prestemos nuestra ayuda incondicional para luchar contra el terrorismo con ética y rectitud, y para seguir apoyando a las víctimas con todo el afecto y cariño que se merecen.
Con mi bendición y afecto,