Índice de declaraciones:
-Raniero Cantalamessa, Predicador del Santo Padre (14 de abril de 2006)
-Monseñor Stanislaw Wielgus, Presidente del Consejo Científico de la Conferencia Episcopal polaca (29 de abril de 2005)
-Conferencia Episcopal mexicana (30 de marzo de 2006)
-Conferencia Episcopal de Ecuador (28 de abril de 2006)
-Monseñor Angelo Amato, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe
-Cardenal Francis Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos (7 de mayo de 2006)
-Monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, Argentina (8 de mayo de 2006)
-Conferencia Episcopal checa (8 de mayo de 2006)
-Monseñor Juan Luis Cipriani, cardenal arzobispo de Lima (11 de mayo de 2006)
-Cardenal Medina, Santiago de Chile (11 abril 2006)
El predicador del Papa denuncia: La Pasión de Jesús, sometida a «rentable» manipulación
Con una denuncia de la especulación, la manipulación mediática y negación a la que es sometida la Pasión y Muerte de Cristo, inició el predicador de la Casa Pontificia su homilía de este Viernes Santo ante Benedicto XVI.
El tema es de extrema importancia pues, como recordó, «Dios es amor, y la cruz de Cristo es la prueba suprema de ello, la demostración histórica».
En la Basílica de San Pedro resonaron las palabras del Apóstol Pablo en boca del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap.: «Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas».
«Esta palabra de la Escritura -sobre todo la alusión al prurito de oír cosas nuevas- se está realizando de modo nuevo e impresionante en nuestros días», lamentó el predicador del Papa.
«Mientras nosotros celebramos aquí el recuerdo de la Pasión y Muerte del Salvador, millones de personas son inducidas por hábiles retocadores de antiguas leyendas a creer que Jesús de Nazaret nunca fue, en realidad, crucificado», advirtió.
Citó por ejemplo el best seller del momento en los Estados Unidos, «una edición del Evangelio de Tomás, presentado como el evangelio que “nos evita la crucifixión, hace innecesaria la resurrección y no nos obliga a creer en ningún Dios llamado Jesús”».
«Personas que jamás se molestarían en leer un análisis serio de las tradiciones históricas sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús, son fascinadas por cada nueva teoría según la cual Él no fue crucificado y no murió, especialmente si la continuación de la historia incluye su fuga con María Magdalena hacia La India... [o hacia Francia, según la versión más actualizada]…», alertó el padre Cantalamessa citando palabras del estudioso bíblico Raymond Brown.
«Estas teorías demuestran que cuando se trata de la Pasión de Jesús, a pesar de la máxima popular, la ficción supera la realidad y frecuentemente, se pretenda o no, es más rentable», prosigue la cita del biblista.
«Se habla mucho de la traición de Judas, y no se percibe que se está repitiendo -denunció el padre Cantalamessa-. Cristo sigue siendo vendido, ya no a los jefes del Sanedrín por treinta denarios, sino a editores y libreros por miles de millones de denarios».
Igualmente alertó de que esta «ola especulativa» no tiene freno y de que incluso «registrará una crecida con la inminente salida de cierta película».
Reconoció –en la Basílica vaticana, en plena celebración de la Pasión y Muerte del Señor- que estos temas «no merecerían tratarse en este lugar y en este día».
«Pero no podemos permitir –manifestó- que el silencio de los creyentes sea tomado por vergüenza y que la buena fe (¿o la necedad?) de millones de personas sea burdamente manipulada por los medios de comunicación sin levantar un grito de protesta en nombre no sólo de la fe, sino también del sentido común y de la sana razón».
Las «fantasías» citadas tienen, según dijo el predicador de la Casa Pontificia, una explicación: «Estamos en la era de los medios de comunicación, y a los medios más que la verdad les interesa la novedad».
Zenit
14-04-2006
Stanislaw Wielgus, Presidente del Consejo Científico de la Conferencia Episcopal polaca y obispo de Plock:
Una productora estadounidense informó que llevará a la pantalla la novela de Dan Brown El Código Da Vinci. Dicho libro anticatólico ha sido traducido a decenas de idiomas y vendido en millones de ejemplares. Teniendo en cuenta que el autor de la novela mezcla con absoluta libertad datos históricos con el producto de su imaginación, presentando todo con ropaje científico, como Presidente de la Comisión Científica de la Conferencia Episcopal polaca me siento en la obligación de tomar posición al respecto. Para millones de personas esta novela es la primera fuente de conocimiento, y tal vez la única, de la historia de la Iglesia y de la doctrina cristiana. Presentar estos ámbitos de modo engañoso puede tener consecuencias muy graves.
La novela encierra al menos las siguientes falsedades históricas y teológicas:
1-En los principios los cristianos no creían en la divinidad de Jesucristo. El dogma fue impuesto por motivos políticos por Constantino en el concilio de Nicea en el año 325.
2-Jesucristo no vivió el celibato. Su “mujer” era María Magdalena a quién confió la dirección de la Iglesia. Tuvieron descendientes que dieron origen a la dinastía de los merovingios, con quien el autor hace coincidir el santo Grial.
3-Jesucristo y Maria Magdalena representaban según el autor la bipolaridad masculina-fe¬menina (como Marte y Atenas, Isis y Osiris). Los primeros discípulos reconocían la di¬vinidad femenina. A esta divinidad femenina daban y dan culto en la secreta organización llamada “Orden de Sión”, a la que según el autor pertenecería Leonardo Da Vinci.
4-Según el autor, la Iglesia católica creada por Constantino en el año 325 persiguió durante siglos a los adoradores de la feminidad. Por este motivo fueron condenadas a la hoguera miles de brujas, fueron destruidos todos los “evangelios” gnósticos dejando sólo cuatro, aquellos que convenían a la Iglesia. Según el autor de la novela, la Iglesia trata de impedir que los héroes de la novela descubran ante el mundo la verdad que han descubierto, esto es que el Grial son los hijos de Jesús y María Magdalena y que el primer dios de los “gnósticos cristianos” era mujer.
Teniendo en cuenta las investigaciones históricas, hay que decir con toda certeza que los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, como otros textos del Nuevo Testamento, tenían total aceptación entre los primeros cristianos y, por ese motivo, se introdujeron en el canon de la Biblia. Estos textos son conocidos en citas muy antiguas y han sido aceptados por la Iglesia como auténticos. Cabe recordar que otros textos antiguos (por ejemplo, los de Platón o de Aristóteles) nos han llegado a través de copias muy posteriores, y sin embargo nadie los cuestiona.
Estos textos auténticos que forman parte de la Biblia presentan a Jesucristo como Dios y que, por este motivo, fue crucificado. Sería absurdo que los primeros cristianos entregaran su vida por alguien que sólo era hombre. El testimonio de los mártires de los primeros tiempos, también de los tiempos de Constantino, confirma la fe de los primeros cristianos en la divinidad de Cristo: precisamente la autoridad civil romana pretendía que renunciaran a este aspecto de la fe, dando culto a los dioses romanos.
Junto a los textos canónicos, en los primeros siglos aparecen textos apócrifos (con frecuencia, fruto de la fantasía), teniendo sólo como telón de fondo la persona y la enseñanza de Jesucristo. Estos textos con frecuencia se inspiraban en textos paganos y en sistemas de pensamiento gnósticos, rechazando aquello que en el cristianismo era difícil de aceptar (por ejemplo, divinidad y celibato de Jesucristo). La popularidad de la novela El Código da Vinci en parte es fruto del afán de lucro y de la búsqueda de popularidad. Dicha novela recurre a fuentes extrañas a la primitiva cristiandad. Por desgracia, debido a la ignorancia religiosa, este tipo de libros encuentran aceptación en un público amplio.
Desechando explicaciones racionales, Dan Brown y autores parecidos aprovechan ideologías y cultos como el New Age, el ocultismo, las teorías conspirativas, el neopaganismo, las astrología, ideas de las de culturas orientales e hindúes, así como el feminismo, para crear un cuadro sugerente altamente manipulado, que tiene como fin desacreditar a la Iglesia católica. En su lugar, se glorifica a la masonería junto con su visión esotérica del mundo.
En el libro encontramos también garrafales errores históricos. Por ejemplo, los datos sobre el Concilio de Nicea, las cruzadas, la inquisición, la orden de los templarios, o sobre las obras de arte. Con frecuencia, a personajes históricos se les describe con ficticias biografías.
Parece que la edición de varios millones y la puesta en pantalla, además de desacreditar a la Iglesia católica, traerá grandes ganancias al autor y a los editores. Después de la aparición de este libro, creció la venta y la edición de libros pseudo-científicos sobre la Iglesia, los gnósticos, la literatura feminista y sobre las diosas paganas.
Con toda claridad, hay que afirmar que estas iniciativas lucrativas falsean la verdad histórica y teológica y, desde un punto de vista ético, no se pueden justificar y han de ser condenadas.
Además, el fenómeno cuyo ejemplo es la novela de Dan Brown es un botón de muestra de una triste realidad; esto es, la actual tendencia a la irracionalidad y la ruptura con la razón que el cristianismo ha defendido durante dos milenios.
Conferencia Episcopal polaca
29-04-2005
Nota de la Conferencia Episcopal mexicana mexicana
■ Desde que se publicó en la primavera de 2003, la novela El Código Da Vinci, de Dan Brown, ha vendido 40 millones de ejemplares: se puede considerar el bestseller de la década.
■ La película basada en esa novela será presentada en el festival de Cannes el próximo 17 de mayo, y estrenada simultáneamente en los cines de todo el mundo el viernes 19 de mayo.
■ Según Newsweek, esta superproducción de Hollywood, dirigida por Ron Howard y con actores de primera fila (Tom Hanks, Jean Reno, Audrey Tautou, Alfred Molina, Ian McKellen, etc.), será el gran evento de 2006. Se estima que 800 millones de personas acudirán a ver la película.
La trama de «El Código da Vinci» es la siguiente:
■ Jesús se casó con María Magdalena y tuvo varios hijos. Su descendencia es el verdadero Santo Grial (sangre de rey = sang real= Santo Grial).
■ Cristo confió la Iglesia a María Magdalena, pero los apóstoles se confabularon contra ella, y tuvo que escapar a Francia. Desde entonces el clandestino «Priorato de Sión» protege a la descendencia de Cristo de los ataques de la Iglesia Católica, y transmite sus secretos en códigos ocultos. Por ejemplo, en La Última Cena de Leonardo Da Vinci, la figura junto a Cristo no es el apóstol Juan, sino María Magdalena.
■ La novela comienza cuando una comisión de cardenales presiona al prelado del Opus Dei para que uno de sus miembros, asesino de profesión, mate a los últimos descendientes vivos de Cristo.
Las ideas de fondo de El Código da Vinci son:
■ Jesús no pensaba ser Dios, ni sus discípulos lo consideraron divino. La creencia en la divinidad de Jesucristo fue impuesta por el emperador Constantino en el Concilio de Nicea del 325.
■ Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina (como Marte y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores de Jesús adoraban el sagrado femenino, pero luego fue eliminado, y la Iglesia se hizo misógina.
■ La Iglesia se basa sobre una gran mentira: Cristo era un hombre normal y corriente. Para ocultar la verdad, la Iglesia ha destruido documentos, ha asesinado a millones de brujas y herejes, ha manipulado las Escrituras...
La novela El Código da Vinci presenta dos problemas:
■ Se trata de una obra de ficción, en la que todos los personajes de la Iglesia son retratados de manera odiosa;
■ En autor afirma en la presentación del libro: «Todas las descripciones de obras de arte, arquitectura, documentos y ritos secretos en esta novela son verdaderas». En realidad, la obra contiene numerosísimos errores: de arte, de historia, de religión y de cultura.
La película agravará la situación:
■ porque esas falsedades llegarán a muchas más personas (800 millones, o más si luego concursa para los premios Óscar);
■ porque las imágenes son más poderosas que las palabras, y dejan más huella;
■ porque las películas llegan a las masas, también a quienes tienen poca formación y carecen de recursos críticos para distinguir qué es ficción y qué es realidad;
■ porque será utilizada por los enemigos de la Iglesia para lanzar otras acusaciones y campañas sobre temas que no tienen que ver con el libro.
¿Qué se puede hacer ante esta situación?
Aprovechar la oportunidad para hablar de Jesucristo y de la Iglesia:
■ Muchos católicos bien formados y practicantes se sentirán ofendidos: hay que saber encauzar su reacción, de forma serena y constructiva;
■ Muchos más católicos tendrán dudas sobre si lo que dice el libro es verdad: habrá que intensificar la catequesis, y tocar algunos temas (pregunten o no pregunten);
■ Muchas otras personas hasta ahora indiferentes sentirán curiosidad de saber más acerca de la fe: habrá que estar preparados para satisfacer su interés con una evangelización atractiva.
Además:
■ Puede ser una buena ocasión de trabajar junto a otros creyentes: con ortodoxos y protestantes, porque el libro y la película ofenden a todos los cristianos; con judíos y musulmanes (porque es una nueva manifestación de intolerancia contra quienes tienen una visión religiosa del mundo); y con intelectuales no creyentes, que se sienten ofendidos por los numerosos errores históricos, artísticos, culturales, etc., realizados «para ganar dinero».
■ Se puede aprovechar para impulsar a católicos de cierta posición (intelectuales, periodistas, empresarios, etc.) a que se muevan más y vivan su fe con más responsabilidad.
Conferencia Episcopal mexicana
30-03-2006
Declaración de los obispos del Ecuador:
Los Obispos del Ecuador sentimos el deber de dar una palabra, ante el irrespeto a la conciencia religiosa de los ecuatorianos –cristianos y católicos en su gran mayoría–, así como ante la desinformación que la sociedad en general ha sufrido. Nos referimos a la falsificación histórica que la novela El Código Da Vinci ha difundido, situación a la que se ha sumado la reciente propaganda sobre el llamado “Evangelio de Judas”. Consideramos un deber moral y pastoral levantar con serenidad una voz de alerta para orientar a la comunidad cristiana ante tanta agresión antirreligiosa, y para advertir a la sociedad en general sobre el carácter tendencioso de este material, rayano en el fraude y la calumnia.
El Código Da Vinci
La novela El Código Da Vinci, escrita por Dan Brown y publicada por primera vez en 2003 (y que ha vendido hasta ahora cerca de 40 millones de ejemplares en todo el mundo), tiene el claro objetivo de descalificar la fe en la divinidad de Jesucristo mediante un supuesto y sistemático “desenmascaramiento” histórico. En este sentido, propone que la proclamación de Jesucristo como Dios se realizó recién en el siglo IV, como parte de una maniobra política del emperador romano Constantino (“Constantino subió de categoría a Jesús cuatro siglos después de su muerte”, afirma), lo que habría logrado al presionar a los obispos del Concilio de Nicea a votar en ese sentido. De aquí que sostenga que “la divinidad de Jesús fue el resultado de una votación”, que habría sido incluso “muy ajustada”. Señala, además, que este emperador encargó, financió y supervisó “la redacción de una nueva Biblia” que enseñara lo que él acababa de hacer proclamar.
Esto lo complementa con la propuesta de que, hasta ese momento de la historia, “Jesús era, para sus seguidores, un profeta mortal”, tan común y “normal” que habría estado incluso casado con María Magdalena y tenido descendencia, la cual perduraría hasta el día de hoy, en Francia.
El testimonio de los primeros seguidores de Jesús, que serían los “gnósticos”, a pesar de las “maniobras” de la Iglesia católica para ocultar lo anterior (también que Jesús, como “primer feminista”, confió su Iglesia a su esposa Magdalena y no a Pedro), habría sobrevivido a través de los escritos de ellos, que serían “los primeros documentos del cristianismo”. Y luego, ante la “campaña de desprestigio” que la Iglesia habría montado contra la Magdalena para que nadie la tomara por “pareja” de Jesús (pudiéndose así reafirmar mejor su “divinidad” al presentarlo célibe), los auténticos seguidores comenzaron a referirse a ella en clave, en una forma críptica, como al santo grial (cáliz de la Última Cena del que hablaban ciertas leyendas medievales). De esta forma se podría transmitir la “verdadera” historia de Jesús y de la Magdalena sin que la Iglesia se diera cuenta. Así, este “secreto” habría llegado hasta el pintor renacentista Leonardo da Vinci, quien lo habría plasmado en sus obras mediante un “código” oculto, particularmente en la pintura de La Última Cena, del refectorio de los dominicos de Milán.
Toda esta tesis, inspirada casi en su totalidad en libros sensacionalistas anteriores a Brown, es presentada como una trama novelesca que incluye un complot actual por parte de la Iglesia, para eliminar a los “últimos descendientes de Jesús”. Este objetivo se confiaría a un monje del Opus Dei, asesino profesional.
Hay adornos de erudición histórica, como la hipótesis bíblica del “Documento «Q»”, los hallazgos en las cuevas palestinas de Qumrán, la historia de la dinastía de los merovingios, etc.. Lo impactante de la tesis, el género de suspenso en que se desarrolla la narración y la aparente coherencia de los datos históricos hacen un producto cultural que, con el respaldo de poderosas redes de propaganda y difusión, han logrado el resonante éxito comercial de esta novela, ahora llevada también al cine.
Antes de nada, es preciso aclarar que la novela está llena de errores históricos de todo tipo. Por ejemplo: 1) los escritos gnósticos, que El Código Da Vinci asegura ser los “primeros escritos del cristianismo”, pertenecen en realidad a los siglos II y III y son, por tanto, más de cien años posteriores al Nuevo Testamento; 2) se conservan listas de los libros del Nuevo Testamento aceptados por las iglesias desde el siglo II, doscientos años antes de Constantino (siglo IV); 3) el Concilio de Nicea no tuvo como objetivo discutir sobre la divinidad de Cristo, sino rechazar la afirmación del presbítero Arrio de que Jesucristo “no era Dios como el Padre”; lo que se discutió fue sólo la mejor fórmula para descalificar aquella idea; 4) en dicho Concilio sólo dos obispos, de los más de 300 que participaron, apoyaron abiertamente a Arrio; 5) existen multitud de testimonios escritos desde fines del siglo I (de todas las regiones de la antigua cristiandad), en los que se proclama explícitamente la divinidad de Jesucristo; por no hablar de la aplicación a Jesucristo, en el Nuevo Testamento, de los mismos textos bíblicos que el judaísmo aplicaba sólo a Dios (profetas, salmos, etc.); 6) la primera vez que se habla de María Magdalena como “pecadora” es a finales del siglo VI, es decir, casi tres siglos después de Nicea; en consecuencia, mal pudo ser dicha afirmación el “fundamento” para la declaración de un concilio del siglo IV.
La seriedad histórica de la obra, por lo tanto, se descalifica absolutamente. Incluso por inexactitudes históricas y culturales elementales, como el afirmar que los textos de Qumrán se descubrieron “en la década de 1950” cuando lo fueron en 1947; que en el Opus Dei hay “monjes”, algunos de ellos asesinos, cuando en esa Prelatura personal de la Iglesia Católica ni existen monjes ni es pensable que se cobijen asesinos profesionales; que Constantino declaró “el cristianismo como religión oficial”, cuando esto no sucedió sino 55 años después con el emperador Teodosio I; que el personaje pintado a la derecha de Jesús en “La Última Cena” de Da Vinci es la Magdalena y no San Juan, cuando el mismo Leonardo, cuando describe su cuadro en su “Tratado sobre la pintura”, habla de este personaje en género masculino y describe la escena representada como la del evangelio de Juan 12, 21-25 en que Jesús está solo con sus apóstoles celebrando su última Pascua en la tierra (y no como la del momento de ningún supuesto “matrimonio” de Jesús); que la técnica que utilizó Leonardo en esa pintura fue “al fresco”, cuando en realidad fue “al óleo”; que el “Vaticano”, en el siglo VII, intervino en el asesinato del rey merovingio Dagoberto II, cuando la colina vaticana comenzó a ser utilizada por los Papas recién en el siglo XIV; por lo demás, Dagoberto no era “rey de Francia”, como dice Brown, sino de Austrasia, ya que Francia todavía no existía como país (su actual territorio estaba dividido en tres reinos); o, que recién con Constantino (siglo IV) los cristianos comenzaron a celebrar el Domingo, cuando la celebración dominical ya se encuentra testimoniada en el mismo Nuevo Testamento y por varios autores de los siglos II y III.
El Evangelio de Judas
Coincidiendo con la Semana Santa de este año, se ha sumado a lo anterior la difusión, por la National Geographic Society, del hallazgo en 1978 de una versión copta del siglo III o IV del llamado Evangelio de Judas. Tal difusión ha revestido un carácter un tanto escandaloso, desde el momento en que se ha presentado tal documento como “auténtico” (habría sido sometido a la prueba del carbono 14) y como potencialmente capaz de “revolucionar” la historia de Jesús (“descubrimiento espectacular”, lo llaman).
Este escrito viene a decir que Judas entregó a Jesús por solicitud de él mismo, con el objetivo de liberarlo de su “envoltorio carnal” y favorecer la salvación de la humanidad. Judas sería un héroe, no un traidor. Por ello, destacan la frase que dice “tú los sobrepasarás a todos (los demás apóstoles)”.
Lamentablemente, la National Geographic ofrece una información completamente sesgada. No señala que tal documento era desde hace tiempo conocido (aunque no se tuviera a mano el texto completo), y que nunca se lo consideró digno del menor crédito.
Se trata, en efecto, de un escrito del siglo II perteneciente a la secta gnóstica de los “cainitas”, grupo libertino egipcio separado de los gnósticos valentinianos llamados “ofitas”. Esta secta, que no contó nunca con gran número de partidarios, tomaba su nombre de Caín, el hermano asesino de Abel, porque sus seguidores tributaban culto a todos los personajes reprobados por el “Dios de los judíos”, entre los que destacaba Caín. De aquí su veneración también por Judas Iscariote, otro individuo de triste recuerdo para la historia sagrada (motivo por el que celebraban lo que llamaban el “misterio de la traición”).
El origen de este escrito no tiene, pues, nada que ver ni con la época de Judas (es más de un siglo posterior); ni con Palestina (surge en Egipto); ni con la mentalidad judía (su dualismo y espiritualismo contradice la antropología hebrea); ni con el cristianismo (es un texto del gnosticismo). La única “autenticidad” que se le puede conceder al papiro publicitado es la de pertenecer al siglo III o IV y de ser una traducción copta de un texto anterior. Pero esto no avala para nada la veracidad de su contenido.
Más aún, habiendo surgido los gnósticos en polémica con la Iglesia Católica, su literatura miraba en gran medida a contradecir y a “superar” el cristianismo; por ello no tiene sentido asumirlo como fuente del cristianismo. Sin embargo, nada de esto destaca con claridad la National Geographic. Y, efectivamente, quienes lo conocieron desde la antigüedad, como los obispos Ireneo de Lión (siglo II), Epifanio de Salamina (siglo IV) y Teodoreto de Ciro (siglo V) , así como los estudiosos modernos , lo señalan como apócrifo gnóstico. De ningún modo es un Evangelio auténtico, ni fue marginado por un supuesto poderío eclesiástico que seleccionó entre varias versiones. La recepción de los escritos inspirados en la Iglesia de los primeros siglos encierra una clara y sencilla lección sobre la obra del Espíritu Santo, inspirador de un criterio lúcido en las comunidades cristianas para discernir acerca de las tradiciones realmente llegadas de los Apóstoles, por vía oral y escrita, respecto de las que intentaron introducir otros agentes históricos.
Juicio pastoral
Percibimos en todo esto una campaña de desprestigio contra la Iglesia y un ataque a las creencias religiosas. Se han irrespetando los sentimientos y la fe de los cristianos, difamando sin argumentos reales no pocos valores de gran importancia para miles de personas. Pues tanto El Código Da Vinci como la publicidad sobre el Evangelio de Judas proponen sistemáticamente y de la peor manera facetas “oscuras” o “problemáticas” de la fe cristiana y de sus fundamentos, ajenas por completo a la mínima seriedad científica. Se ha confundido la libertad de expresión con el derecho a difamar con mentiras las convicciones de los demás.
Pero no es sólo esto. Se da también un verdadero atentado contra la veracidad histórica, y, en consecuencia, contra la misma cultura. La ficción elevada a verdad indiscutible implica un atentado a la dignidad de las personas. Todos tenemos derecho a que se nos proporcionen datos fidedignos y bien fundados, cuando se trata de presentar una revisión histórica de tales dimensiones y con explícitas pretensiones de exhaustividad, como la que implica la novela de Dan Brown o el argumento del Evangelio de Judas” . Pero nada de esto aparece. Es flagrante la violación del derecho que tiene toda persona a recibir información veraz de quienes se presentan como expertos en determinados temas. En una sociedad civilizada, en efecto, no puede justificarse la deformación novelesca de realidades históricas y hacerlas pasar por “veraces” y “reales” (como El Código Da Vinci califica a sus datos y descripciones).
Somos conscientes de que, como ha dicho el predicador pontificio Fr. Raniero Cantalamessa, ‘Cristo sigue siendo vendido, ya no a los jefes del sanedrín por treinta denarios, sino a editores y libreros por miles de millones de denarios’, por parte de ‘hábiles retocadores de antiguas leyendas’. En toda época histórica ha habido una producción de panfletos anticristianos. Hoy día la novedad consiste en que un cuidadoso estudio del mercado detecta la posibilidad de grandes ganancias, cuando se golpean convicciones profundas de muchos, pues la polémica y la confrontación de criterios acelera los tirajes, los ratings y el éxito de taquilla de las películas. Se trata de un nefasto método que altera la naturaleza y los fines de una comunicación social válida y digna, que nunca puede basarse en sembrar inquietudes y suscitar escándalos mediante el procedimiento de propalar deliberadas mentiras y de silenciar claras verdades. Se tiene una nueva prueba de que la codicia, en esta sociedad que va perdiendo los valores, prima sobre el respeto a las personas, a sus convicciones profundas y a su derecho a una información objetiva. Por último, la industria de la información y del entretenimiento manipula cínicamente a quienes debería servir.
Algunas orientaciones
Esta “campaña” irrespetuosa, sin embargo, es también una oportunidad que los cristianos podemos aprovechar positivamente. En efecto, el interés despertado por este debate abre muchas oportunidades para hablar sobre la fe, la Iglesia y la historia del cristianismo; temas que, probablemente, aparecían en algunos ambientes como poco interesantes hasta ahora. Nos encontramos, así, con una inesperada curiosidad sobre temas como la transmisión de la fe en los primeros siglos, la formación del “canon” bíblico, la historia de la Iglesia en general, el mensaje esencial de la fe cristiana, etc. Lo cual debe constituir un estímulo, tanto para los pastores como para los fieles en general, en orden a adquirir una formación doctrinal, bíblica y cultural más amplia, a la altura de dichos temas.
Es también una circunstancia para revisar la calidad de la predicación eclesial, rectificando lo que ha podido tener de excesiva exhortación moral y de descuido en las dimensiones doctrinal, bíblica y catequética, que son indispensables para una equilibrada formación de la comunidad cristiana. Esto implica, por supuesto, una mayor valoración por la preparación intelectual, y un dejar atrás toda práctica de improvisación y repetición de lugares comunes.
Es una ocasión, además, para fortalecer en los fieles la confianza en la Iglesia y en su doctrina, haciendo ver que muchas de las sospechas y acusaciones que se repiten constantemente contra la Iglesia (oscurantismo, intrigas, ignorancia, fanatismo, etc.), no son más que prejuicios heredados de los racionalismos y materialismos de siempre. Debemos mostrar que, por el contrario, la Iglesia es “experta en humanidad”, como afirmó S.S. Pablo VI. Que ella no rehúye la confrontación con la verdad, sino que la busca honestamente, pues confiesa que toda verdad viene de Dios y lleva a Dios. En este sentido, puede destacarse la seriedad y hondura del empeño de la Iglesia por la cultura, así como la confirmación y la armonía de varios resultados científicos para con cuestiones relacionadas con la fe (pedagogía, psicología, arqueología, etc.). Que no se abra paso el prejuicio de que, si se dice algo contrario a la Iglesia, “debe ser verdad mientras no se demuestre lo contrario”.
Se puede aprovechar también para un acercamiento con cristianos de otras confesiones, con quienes lamentablemente ha existido demasiada rivalidad en el pasado, pues también a ellos les afectan estos ataques. No han faltado, en efecto, respuestas de autores evangélicos a El Código Da Vinci, particularmente en los Estados Unidos , así como de otras iglesias a la cuestión del Evangelio de Judas, como la del Patriarcado de Moscú. Esta puede ser, pues, una buena ocasión para compartir una causa común y crecer en el conocimiento y la comprensión.
Y, análogamente, también esta circunstancia debe llevar a los católicos a ser más sensibles en no ahondar los partidismos intraeclesiales, cayendo en cuenta de que contribuir a fortalecer la conciencia de una misma tradición de fe es el mejor servicio que se puede hacer a una comunidad cristiana afectada por intentos de desorientación.
Incentivamos a los intelectuales y estudiosos serios a manifestarse contra este tipo de “campañas” pseudocientíficas, que devalúan el valor de la investigación histórica y atentan contra los debates de altura. Las verdaderas aportaciones científicas son respetuosas y se alejan de la polémica sensacionalista.
Respecto del consumo de esos lamentables productos culturales, declaramos que no es aconsejable. Conviene despertar la lucidez de los fieles, para que no se dejen manipular, ni quiere premien al manipulador con la pingüe ganancia que buscaba. Superemos la ingenuidad con que cuentan para su lucro los fabricantes de las fantasías pseudohistóricas.
Oración
Roguemos al Señor Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida, por intercesión del Santo Hermano Miguel, Patrono de la Catequesis, por la conversión de quienes lucran con el ataque a la fe, porque ningún creyente deje entrar dudas en su fe a partir de las manipulaciones, por el renovado compromiso para conocer y amar más la doctrina de la fe y para difundirla en la familia y en la sociedad.
+ Néstor Herrera Heredia, obispo de Machala, Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. + Luis Antonio Sánchez, SDB, Obispo de Tulcán, Secretario General de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.
(siguen las firmas de los demás Arzobispos y Obispos del Ecuador)
28-04-2006
Monseñor Angelo Amato, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe:
(El arzobispo Angelo Amato, sdb, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, deplora que el Magisterio de la Iglesia se considere una «mera opinión» y no sea apreciado como «comunicación de la verdad de Dios sobre el hombre y sobre su salvación».
El prelado italiano hizo esta distinción el viernes, 28 de abril, al intervenir con una conferencia sobre «La presentación del magisterio de la Iglesia en el mundo de los medios» en el quinto Simposio Internacional sobre Oficinas de Información de la Iglesia, celebrado en Roma en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.
El prelado reconoció que en estos momentos existe una «debilitación en los fieles de ese sentido eclesial que los santos calificaban como "amar a la Iglesia y sentir con la Iglesia"».
Por este motivo, reconoció el teólogo salesiano, hoy «no se escucha el Magisterio, o se rechaza».
Falta «la obediencia de la fe y la confianza en la eficacia de la Palabra de Dios para iluminar nuestra historia personal y comunitaria», registró.
«A la verdad de Dios se prefiere a la opinión del yo», algo que puede verse «claramente en los debates televisivos», constató.
Según esta lógica, explicó, «sobre un argumento intervienen muchos interlocutores, entre los que se encuentra, por ejemplo, un sacerdote. La opinión del sacerdote católico -desde mi punto de vista preferiría un laico católico bien preparado- es puesta al mismo nivel que la de todos los demás, pues el debate no busca la verdad, sino sólo enunciar opiniones».
El secretario de la Congregación vaticana considera que para entender mejor las dificultades de comunicación de la Iglesia hay que tener en cuenta, además, «la extrema pobreza cultural de buena parte de los fieles cristianos».
De este modo, añadió, se explica el «extraño éxito de una novela pertinazmente anticristiana, como El Código da Vinci, lleno de calumnias, ofensas y errores históricos y teológicos sobre Jesús, los Evangelios y la Iglesia».
Para monseñor Amato, ante esta situación «los cristianos deberían ser más sensibles para rechazar la mentira y la difamación gratuita» y los medios de comunicación católicos, dijo, tienen la tarea creativa de ayudar a la formación.
Citando el ejemplo de la reciente publicación del Evangelio de Judas, explicó que «la prensa católica no puede limitarse a dar la noticia», sino que «con la competencia de expertos de la antigüedad cristiana, tiene que ofrecer a los lectores elementos para comprender que se trata de un evangelio apócrifo, conocido por los Padres de la Iglesia, pero que no fue acogido por la Iglesia primitiva».
«La recepción de los documentos eclesiales, en vez de ser un peso insoportable y aburrido, puede convertirse en una sorprendente y extraordinaria formación permanente de los pastores y fieles», indicó.
Pero, para esto, concluyó, «se requieren profesionales, sobre todo laicos, que conozcan los dos idiomas: el de la comunicación y el de la teología»
Zenit
30-04-2006
Cardenal Francis Arinze:
En la última andanada del Vaticano contra El Código Da Vinci, un importante cardenal dijo que los cristianos debían responder al libro y a la película con acciones legales porque ambos ofendían a Cristo y a la Iglesia que fundó.
El cardenal Francis Arinze, un nigeriano que fue considerado candidato para Papa el año pasado, hizo estos contundentes comentarios en un documental llamado El código Da Vinci: Una Decepción Magistral.
La petición de Arinze llega unos días después de que otro cardenal pidiera un boicot de la película. Ambos cardenales afirmaron que otras religiones nunca permitirían ofensas contra sus creencias y que los cristianos debían resistirse.
"Los cristianos no deben sentarse y decir que es suficiente para nosotros con perdonar y olvidar", declaró Arinze en un documental llevado a cabo por el productor romano Mario Biasetti para Informaciones de Roma, una agencia de cine católica especializada en asuntos religiosos.
"A veces es nuestra labor hacer algo práctico. Por eso no seré yo quien diga a los cristianos qué hacer pero conozco algunas acciones legales que pueden utilizarse para conseguir que una persona respete los derechos de otras", declaró Arinze.
"Éste es uno de los derechos humanos fundamentales: que debemos ser respetados, nuestras creencias religiosas deben ser respetadas, y nuestro fundador, Jesucristo, también", declaró, sin decir que tipo de métodos legales tenía en mente.
Una trascripción del documental, que debe ser estrenado en Roma a finales de mes justo antes de que la película sobre el éxito de Dan Brown llegue al Festival de Cine de Cannes, estuvo disponible para Reuters.
El libro escrito por Brown ha vendido más de 40 millones de copias. La novela es un misterio de crímenes internacional centrado en los intentos de ocultar un secreto sobre la vida de Cristo que una sociedad clandestina ha intentado proteger durante siglos.
El tema central del libro es que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo un hijo.
Reuters- Philip Pullella
07-05-2006
Monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata:
El arzobispo de La Plata Héctor Aguer criticó al escritor Dan Brown por su libro El Código Da Vinci y lo acusó de tergiversar verdades cristianas. El prelado habló en su programa de Canal 9 y lamentó que se presente a la Iglesia "como una asesina"
El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, cuestionó ayer al escritor de El Código Da Vinci, Dan Brown, por tergiversar y mentir en la obra. "Hace una ensalada formidable de verdades cristianas, datos históricos verdaderos con transgresiones constantes. Tergiversa completamente la realidad histórica, inventa cualquier cosa y aun la interpretación de los hechos culturales y de las obras de arte ha sido muy censurada”.
Explicó que, en el marco de la Feria del Libro, “la gente se ha precipitado a los libros llamados de ficción religiosa”, y que “llama la atención porque por un lado pareciera que indica una inquietud sana por la búsqueda de Dios, por la trascendencia, por aquellas realidades ultimas que dan sentido a la vida humana pero por otro lado también uno sabe que cuando se presenta con claridad la doctrina de la fe o la obra de la Iglesia suele mirárselo con recelo o se lo acepta con reticencia”.
En su reflexión semanal en el programa Claves para un Mundo Mejor (Canal 9) admitió que cuando se habla de libros de ficción religiosa le suena “más bien a macaneo, superstición y esoterismo.
Tras explicar detalles de la tesis que propone el libro mencionado, el arzobispo de La Plata lamentó que, “en el libro de Dan Brown, la Iglesia católica es presentada como una gran asesina, Ella ha sido la que ha procurado desde que nació, año 325, evitar que se conociera la verdad”.
“La verdad –para ellos- sería el cristianismo primitivo que ha quedado sumergido, llevado por estos abanderados esotéricos, son los que dejaron algunos códigos, algunos signos”.
Aguer indicó que los supuestos secretos del fresco de Leonardo Da Vinci sobre la Última Cena “han sido descartados por los críticos de arte” y dijo que “desde el punto de vista literario, el libro fue castigado sin piedad” y que “un buen entendedor que toma el libro lo deja caer de sus manos a los diez minutos”.
El prelado cree que todo esto es parte de una “campaña anticatólica bastante difundida, globalizada”, pidiendo distinguir “la verdad de la ficción” y lamentó que “se ha creado alrededor de esto una gran confusión”.
Por último recomendó a los televidentes que lo han leído que vuelvan “a la Biblia, a hojear de nuevo el Catecismo de la Iglesia Católica” y a buscar y leer “un buen manual de Historia de la Iglesia”.
Infobae.com
08-05-2006
Conferencia Episcopal checa:
La Conferencia Episcopal Checa se suma a las protestas contra el libro y la película "El Código da Vinci", afirmando que el escritor estadounidense Dan Brown deshonra los símbolos cristianos fundamentales para ganar publicidad.
El portavoz de la Conferencia Episcopal Checa, Martin Horálek opina que "ofender y pisotear el sentimiento religioso de alguien para ganar una fortuna es simplemente una vileza". Horálek señala que el libro de Dan Brown es un ataque intencionado contra los sentimientos de los cristianos, comparándolo con las caricaturas del Profeta Mahoma. "La única diferencia consiste en que los cristianos no salen por ello a las calles, no usan la violencia y no incitan a matar a Dan Brown", agregó.
ACI Prensa
08-05-2006
Monseñor Juan Luis Cipriani, cardenal arzobispado de Lima:
La aparición de la novela de Dan Brown, El Código da Vinci, y el próximo estreno de la película basada en el mismo libro, nos mueven a alertar a los fieles católicos sobre los contenidos que dicha obra difunde, y que serán divulgados a través de las imágenes cinematográficas.
Hay que decirlo con claridad: El Código Da Vinci es una obra anticatólica. Ataca a Jesucristo y a la Iglesia, y niega, punto por punto, la fe que profesamos. Constituye unas agresión y un insulto a la creencia de la mayoría de nuestro pueblo, y denigra a la persona de Jesús, a las Congregaciones e Instituciones Católicas del pasado y del presente y ofrece una imagen totalmente falsa de la doctrina que el Señor Jesús transmitió a sus apóstoles, y por su intermedio, a la Iglesia y a toda la humanidad.
La novela
La historia que Dan Brown, autor de El Código Da Vinci relata, es la siguiente: Robert Langdon, estudioso norteamericano y profesor de simbología religiosa en la Universidad de Harvard, se halla en París dictando unas conferencias. De pronto, es acusado del asesinato del curador del Museo del Louvre, Jacques Saunier, quien es hallado muerto en el mismo museo, desnudo y con un pentagrama y un mensaje en clave pintado con su sangre, mencionando además a Langdon. La policía piensa que Langdon es el asesino y trata de incriminarlo. Aparece en escena Sophie Neveau, criptóloga de la policía, y nieta de Saunier, quien convencida de la inocencia de Langdon, lo ayuda a escapar. El desarrollo de la novela muestra que Saunier pertenece a una sociedad secreta llamada «El priorato de Sión», cuya misión es proteger el secreto más valioso de la historia, el Santo Grial. Pero no se trata del cáliz donde, según la leyenda, fue recogida la sangre de Cristo. El Santo Grial es, en realidad, el vientre de María Magdalena, quien fue esposa de Jesús y con quien tuvo una hija, origen de la dinastía real francesa. Esta «verdad» fue ocultada por la Iglesia católica, que cambió la historia y convirtió a Jesucristo en Hijo de Dios y Dios, siendo un simple maestro. Pero fue la sociedad secreta llamada «Priorato de Sión» quien tuvo a su cargo la protección de la descendencia de Jesús y de María Magdalena, considerada como una «diosa» femenina. Entre los jefes del Priorato, destaca Leonardo Da Vinci, quien en sus cuadros y dibujos (como La Última Cena y La Monalisa) muestra las claves para descubrir este secreto. La Iglesia Católica trata de hacer desaparecer este gran secreto, y un monje asesino perteneciente al Opus Dei, el albino Silas, persigue a Langdon y a Sophie Neveau, que lo llevarán hasta el Grial. Huyendo, estos dos últimos van en busca de Leigh Teabing, un sabio inglés radicado en Francia, para que los ayude. Teabing los saca de Francia y les cuenta el significado del Grial. Al fin, en Inglaterra se descubre el misterio, y se revela que es Teabing quien está detrás de los asesinatos y ha manipulado al Opus Dei para que le obtengan el secreto tan buscado. Sophie resulta ser descendiente de Jesús y María Magdalena, y la novela termina con Langdon arrodillado ante la pirámide del Museo del Louvre, en París, adorando la tumba de María Magdalena, allí enterrada. Todo esto ocurre en el espacio de un día, a lo largo de 105 capítulos y 557 páginas de trepidante acción.
Un código de mentiras
Se ha dicho que El código Da Vinci es una novela de ficción, y por eso no hay que tomarse tan en serio una obra de ese tipo.
En primer lugar, las obras de ficción de suyo no mienten ni insultan, y pueden darse obras que a través de un relato ficticio sobre cuestiones reales mantengan cierta coherencia histórica. En el caso de El código Da Vinci, el autor no sólo deforma la realidad histórica que fundamenta su novela, sino que propone una interpretación ofensiva sobre Jesús y el cristianismo. El asunto es tanto más grave, cuanto que en la presentación, después de señalar como auténticos los documentos del Priorato de Sión (que por cierto, es un invento del siglo XX, creado como medio para estafar) y difamar al Opus Dei, dice: «Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces» (p. 11).
Dejando de lado los numerosos errores de tipo histórico, geográfico, artístico y de otro tipo que salpican la novela, señalamos los aspectos de tipo religioso y teológico que manifiestan las falsedades que El Código Da Vinci divulga de modo irresponsable e ignorante.
1. Las fuentes del conocimiento de Jesús
Según El Código Da Vinci, la verdad sobre Jesús no está contenida en los Evangelios Canónicos que conocemos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) sino en otros evangelios, llamados «apócrifos» y que la Iglesia mantuvo ocultos para que no se conociera su mensaje. Estos libros, que supuestamente revelan la verdadera historia de Jesús, serían los «evangelios» de Tomás, de Felipe, de María, etc. Han sido encontrados en Qumram (1947) y en Nag Hammadi (1948), pero la Iglesia los escondió porque comprometía la doctrina «oficial» sobre Jesús (ver El código Da Vinci, p. 292).
La verdad es que los evangelios apócrifos son todos ellos más recientes que los evangelios canónicos. Hoy sabemos que los apócrifos fueron redactados en el siglo II, tal vez cien años después de la vida de Jesús, mientras que Mateo, Marcos, Lucas y Juan son del siglo I, muy cercanos al acontecimiento. Por otra parte, los así llamados «evangelios apócrifos» transmiten doctrinas heréticas, y niegan aspectos fundamentales sobre Jesús, cosa que no hacen los evangelios canónicos.
Dan Brown ignora que en Qumram se encontraron sobre todo documentos judíos. Y por otra parte, miente cuando dice que la Iglesia escondió los apócrifos. La verdad es que estos libros siempre fueron conocidos y la Iglesia los estudió porque, a pesar de sus errores ofrecen datos interesantes sobre los primeros siglos de la historia del cristianismo. Hoy día, estos «evangelios apócrifos» pueden comprarse en cualquier librería católica.
2. La persona de Jesús
Según la novela, Jesús habría sido un simple hombre, un gran sabio con un mensaje revolucionario. Pero Jesús no era Dios. Se casó con María Magdalena, de la que tuvo una hija y cuyos descendientes viven hasta hoy. Esta «verdad» es la que describen los «apócrifos», por eso la Iglesia los persigue con tanto encono.
Este es el mensaje nuclear de El Código Da Vinci: la negación de la divinidad de Cristo. Con esto, se rechaza de plano la fe de la Iglesia que desde sus inicios ha proclamado a Jesús como Dios, y ha defendido esta fe de todos los ataques y negaciones.
La ignorancia de la novela es patente cuando dice que los «apócrifos» enseñan que Jesús es un puro hombre y que no es Dios, y que se casó con María Magdalena. Los «evangelios apócrifos» pertenecen a una corriente herética de inicios del siglo II llamada «gnosticismo», que profesa que Jesús, siendo Dios, no es verdaderamente hombre (todo lo contrario de lo que afirma Dan Brown). Por otra parte, ninguno de los apócrifos afirma que Jesús haya estado casado con Magdalena, y mucho menos que haya tenido hijos de ella. Es un invento del autor de la novela.
Todo el Nuevo Testamento, escrito en el siglo I afirma claramente que Jesús es Dios (ver Jn 1, 1; Jn 20, 28; Rom 9, 5; Flp 2, 11; Tit 2, 13 y passim). Es también la enseñanza firme de los Padres de la Iglesia de los siglos II y III, como San Ignacio de Antioquía, San Justino Mártir, San Ireneo de Lyon, y de doctores como Orígenes de Alejandría y Tertuliano de Cartago. Para la Iglesia, la divinidad de Cristo es una verdad centralísima, presente desde los orígenes y que ha sido revelada por el mismo Señor Jesús. Por otra parte, tampoco en los Evangelios y en las cartas de Pablo o en los escritos de San Juan podemos encontrar algún dato que señale que Jesús se casó con María Magdalena. Eso no es más que una invención y una mentira más de las muchas que contienes esta obra. El Evangelio es claro en afirmar que Jesús se mantuvo célibe durante toda su vida.
3. María Magdalena
La novela presenta a María Magdalena como esposa de Jesús. Su vientre es el Santo Grial, es decir el receptáculo de la sangre (= descendencia) de Jesús. Indica el autor que Jesús encomendó su Iglesia a María Magdalena, y que en ella se vivía la religión de «la diosa», es decir, el culto de lo femenino como Dios. Esto también lo describen los «evangelios apócrifos». Pero la fracción de Pedro (de tendencia machista) triunfó y eliminó a María Magdalena de la escena, ensombreciendo su figura e instaurando un culto machista.
Esta es la parte más llamativa de la novela, y lo que suscita cierta curiosidad morbosa en unos y escándalo en otros. Pero no es sino otra de las mentiras de El Código Da Vinci. Se trata de un tema ya conocido, propuesto en la película Jesucristo Superstar, donde se ve a Magdalena enamorada de Jesús, y en la novela La última tentación de Cristo, de Nikos Kazantzakis, obra por la que su autor fue excomulgado. Más aún, la idea de que el Grial es el vientre de María Magdalena, ha sido plagiada por Dan Brown de la obra de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, El enigma sagrado (1981; ed. española 1997), libro calificado de especulación ridícula, sin sustento científico.
Los «evangelios apócrifos» jamás dicen que Jesús encomendó a María su Iglesia y la religión del culto femenino, por la sencilla razón de que los gnósticos tenían una visión descaradamente machista y denigratoria de la mujer. Para los gnósticos, «toda mujer que se convierta en varón podrá entrar en el Reino de los Cielos» (Evangelio gnóstico de Tomás). Por otra parte, la Iglesia nunca ocultó la figura de María Magdalena.
En los Evangelios canónicos aparece como la primera en ver a Jesús resucitado, y la Iglesia, lejos de denigrarla o enterrarla en el olvido, la ha proclamado santa y le da un culto de veneración. Decir que ha sido esposa de Jesús es de una ridiculez y de una grosería inaceptables.
4. El cristianismo en la historia
En su novela, Dan Brown dice que fue el emperador Constantino quien, a través del Concilio de Nicea, en el año 325, hizo proclamar a Jesús como Dios, siendo que era un simple hombre. De este modo fue enterrada la verdadera religión de Jesucristo, que era la «religión de la diosa», cuya representante era María Magdalena. La Iglesia ha mantenido oculto este secreto, y ha buscado a sus defensores para destruirlos, aunque algunos grupos, como los Templarios, la Masonería y el Priorato de Sión se encargaron de proteger a la descendencia de Jesús y de María Magdalena. Un grupo católico que incluso llega hasta el asesinato para obtener el secreto del Grial es el Opus Dei.
En este aspecto se mezclan la ignorancia y la malicia. Son pocas las obras en las que se ha podido reunir tantos disparates al mismo tiempo. Para comenzar, Constantino no proclamó «Dios» a Jesús mediante el Concilio de Nicea. Antes de dicho Concilio, ya se creía en Jesús como Dios, como se ha visto en el n. 2. El concilio de Nicea fue realizado para reafirmar la fe de la Iglesia contra la herejía arriana, que negaba la divinidad de Cristo, por tanto no proclamó nada nuevo, sino lo que se creía desde siempre. Los Templarios, que menciona la novela, eran una Orden militar y religiosa medieval cuyo cometido era proteger a los peregrinos que visitaban Tierra Santa, y no tenían por finalidad proteger secreto alguno.
No existe una Orden secreta llamada «Priorato de Sión» que se remonta al siglo XI y cuyos miembros han sido grandes sabios y artistas de la historia. Hoy sabemos que es una farsa inventada en 1956 por un grupo de pícaros con objeto de levantar dinero de los incautos (ver Massimo Introvigne. El Código Da Vinci: Pero la verdad es bien diferente). En cuanto a las menciones al Opus Dei, resultan infamantes y denigratorias y constituyen una burda manera de insultar y vilipendiar a la Iglesia Católica en una de sus instituciones.
5. Nueva Religiosidad y relativismo moral
Según la novela, la religión originaria de la humanidad fue «la religión de la diosa», vinculada a la tierra y a la fertilidad. Esta fue la religión que Jesús reivindicó y que tuvo como símbolo a María Magdalena. En esta religión, el rito central es la unión sexual llamada «hieros gamos», que simboliza la unión con la divinidad. Este tipo de religión fue protegido por los jefes del Priorato de Sión, algunos de los cuales fueron homosexuales, como por ejemplo Leonardo Da Vinci.
La denigración y el rechazo del cristianismo en El Código Da Vinci corren pareja con la propaganda a esta religión de lo femenino. Hay toda una exaltación de lo pagano, pero también de una visión feminista de la existencia, muy propia de la corriente llamada New Age. Por otra parte, la presentación de la homosexualidad como rasgo de distinción se inscribe dentro de la tendencia actual a presentar esta realidad como algo no sólo normal, sino incluso bueno y deseable. No se puede estar de acuerdo con esta visión relativista, contraria a la moral católica.
Aceptar una visión religiosa pagana como la propuesta por la novela, en la línea de la New Age, no es avanzar, sino retroceder. El cristianismo arrancó a los hombres de las garras del paganismo, con sus errores y esclavitudes, y los liberó del terror de los falsos dioses.
Por otra parte, la novela no dice que su tan mentado «hieros gamos» en realidad era «prostitución sagrada», y las pobres mujeres que participaban en estos ritos no eran consideradas como diosas, sino como meros instrumentos para satisfacer los deseos de los hombres que buscaban la unión con la divinidad. Al eliminar esos cultos, el cristianismo liberó a la mujer de esa opresión religiosa y les devolvió su dignidad de personas.
Conclusión
Después de revisar todo este conjunto de errores, falsedades y difamaciones, no queda más que concluir que El Código Da Vinci es una novela llena de mentiras y ataques que pretenden pasar como verdades para denostar a Jesucristo y a su Iglesia.
El Señor Jesús nos dijo: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Tenemos la certeza de conocer la verdad. Ella nos ha sido dada por Jesús y comunicada por la Santa Iglesia Católica. Lo que Ella nos enseña acerca de Jesús es la Verdad. Nosotros también podemos decir, al igual que San Pablo: «Sé de quién me he fiado» (2 Tim 1, 12).
Zenit
11-05-2006
Cardenal Medina pide a cristianos no acrecentar las arcas de El Código Da Vinci
El Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cardenal Jorge Medina Estévez, pidió a los cristianos no contribuir a las ganancias colosales que obtendrán los inspiradores y realizadores del filme El Código Da Vinci, pues presenta una figura “distorsionada, falsificada y blasfema de Jesucristo".
"Un cristiano no debería ver ese filme, pues se presenta una figura distorsionada, falsificada y blasfema de Jesucristo", dijo ayer el obispo Emérito de Valparaíso en declaraciones a la edición matinal del noticiero 24 Horas de la Televisión Nacional de Chile (TVN).
Según el Purpurado, un cristiano "no debería colaborar con su entrada a la ganancia colosal que va a recibir la persona que inventó este asunto".
Al referirse al libro inspirador de la película, el cardenal Medina dijo que allí "se habla de amores entre Jesús y María Magdalena, lo que es simplemente una blasfemia".
ACI Prensa
11-04-2006