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Antihispanismo y Anticatolicismo III
Diego Quiñones Estévez
Profesor de Religión y Moral Católica

Hispanoamérica ha sido víctima propiciatoria del neoliberalismo capitalista y del marxismo, populista e indigenista. Sus políticos han adorado al poder del dólar en las garras del águila o el poder del puño populista que se aferra a la dictadura proletaria de la hoz y del martillo. Rubén Darío, se pasa a la moda del antinorteamericanismo cuando en su poema de 1904 A Roosevelt, nos pone en aviso sobre los poderes que han amenazado a la identidad hispana de América y que, antes como ahora, quieren arrancarle la creencia en Dios y en la Iglesia:

“Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa; ¡Dios!”

(Cantos de vida y Esperanza, Los cisnes y otros poemas)

Por Hispanoamérica, al igual que por España, vuelan las águilas y los buitres carroñeros del socialismo laicista, y del neoliberalismo explotador y ateo. En sus garras y picos de de la intolerancia, sobrevuela el peligro de apoderarse y destruir la Hispanidad, que es el ser espiritual, moral y político que la engrandece, pero que sus responsables políticos niegan a sus pueblos. Las interrogantes de Rubén Darío en el poema “Los cisnes”, aún siguen vigentes como una advertencia y una llamada a reconsiderar el presente y el futuro de Hispanoamérica:

“¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?”

(Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y otros poemas)

Esta esquizofrenia por parte de los intelectuales, escritores y políticos de Hispanoamérica, se continúa en el siglo XX con escritores de extraordinario quehacer literario como los novelistas Mario Vargas Llosa (1936) y Gabriel García Márquez (1927). El novelista peruano, se sumó al marxismo en su época juvenil, pero al comprobar los crímenes totalitarios de la Revolución cubana de Fidel Castro, se pasó al polo opuesto, al neoliberalismo anticatólico, y ahora al final de su vida, en España, se ha colocado al lado de los intereses políticos y mediático-culturales del laicismo radical socialista, de igual tinte anticristiano: y todo por el dinero, la fama, los honores y el ansia de un Premio Nobel de Literatura, que bien merece, pero que con esa trayectoria, se vislumbra como inalcanzable.

Al menos el Premio Nobel de Literatura en 1982, el colombiano Gabriel García Márquez, se ha mantenido firme en su admiración por la dictadura castrista y por el marxismo. Frente a ellos, es de justicia reconocer, que ha habido y hay escritores de igual talla literaria que han reconocido el indiscutible legado histórico cultural y religioso, la irrefutable preocupación por los más pobres y necesitados, que la Iglesia Católica ha desempeñado en Hispanoamérica. El ejemplo es el del no creyente y mexicano, también Premio Nobel de Literatura en 1990, el poeta y ensayista, Octavio Paz (1914-1998).

En el siglo XX, la América española se ha visto invadida por la ideología marxista, asolando a sus naciones con guerras civiles con el pretexto de las revoluciones violentas de la lucha de clase, de las revoluciones bolcheviques del campesinado y los trabajadores, explotados por el imperialismo de Estado Unidos, según la propaganda socialista, encarnación del liberalismo capitalista salvaje. La América española, se vio sometida a una lucha por el poder mundial entre el Imperio Soviético comunista y el Imperio Norteamericano. Y una vez más, las revoluciones neosocialistas y neocomunistas así como las revoluciones neoliberales del capitalismo, utilizaron el antihispanismo y el anticatolicismo. De ellas nacieron dictaduras militares comunistas y socialistas, dictaduras y dictablandas capitalistas, que practicaron el terrorismo de estado, el terrorismo paramilitar y del narcotráfico. Las dictaduras del terrorismo de estado sumieron a los hispanoamericanos en guerras civiles y entre naciones, asolándolos y hundiéndolos en la pobreza, la miseria, el hambre, la ruina social y económica del subdesarrollo. Las dictaduras socialistas fueron antiespañolas y anticatólicas. Ellas llegaron a falsificar el Evangelio de Cristo y de la Iglesia, disfrazándolo con los postulados revolucionarios marxistas de la herética teología de la liberación. Cuando el marxismo es incapaz de arrancar de la realidad de los pueblos la Religión, la utiliza y distorsiona según las circunstancias históricas.

Las dictaduras neoliberales también fueron antiespañolas y anticatólicas. De igual modo, utilizaron la Religión Católica como un instrumento de poder sociopolítico. Las sectas de origen anglosajón, nacidas de las numerosas iglesias del Protestantismo en Estados Unidos, han sido la avanzadilla del relativismo religioso con la que el neoliberalismo salvaje trata de combatir las raíces cristianas católicas de los pueblos hispánicos. Siguen la misma trayectoria histórica que les ha marcado la secta de la masonería.

Hispanoamérica, en este siglo XXI, continúa cometiendo los mismos errores históricos, y hasta que sus dirigentes políticos, no cambien, la veremos sufriendo los traumas políticos, sociales, económicos y culturales de siempre.

Así ha sido el siglo XX y así hemos entrado en el siglo XXI, el antihispanismo junto al anticatolicismo, han sido utilizados por el antinorteamericanismo y por el antimarxismo de las revoluciones bananeras. O viceversa, el antihispanismo junto al anticatolicismo, han sido utilizados por el neoliberalismo norteamericano o por el neomarxismo revolucionario, populista e indigenista. Hispanoamérica, en el siglo XXI, sigue con estas esquizofrenias del poder político, contracultural y económico.

A pesar de tanto antihispanismo y anticatolicismo ideológico, en España como en Hispanoamérica, la Iglesia Católica siempre estará dispuesta a colaborar con los poderes mundanos que piensen en el bien común de las personas y no en sus intereses. Entre todos los hispanoamericanos, podemos hacer un mundo más justo y fraterno, y para ello son imprescindibles la buena armonía entre el poder político-temporal y el poder humano y espiritual de la Iglesia Católica.

 

Analisis Digital
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