La opinión pública durante la segunda guerra mundial estaba dividida, unos eran aliadófilos y otros germanófilos. En julio de 1944, las fuerzas soviéticas encontraron el primer campo de concentración nazi, el de Majdanek. A éste le siguieron los más famosos por sus atrocidades como Auschwitz y Dachau. En poco tiempo el mundo conoció la realidad de lo sucedido: el holocausto nazi. Ya nadie podía estar a favor.
¿Por qué se produjo este rechazo mundial? Se conoció la verdad tal como pasó. Las escalofriantes imágenes y testimonios de los sobrevivientes de uno de los ataques más brutales de la Historia al hombre, ya no admitió una posición a favor por parte de nadie. En nuestros días el holocausto de los no nacidos que alcanza ya los 40 millones de víctimas deja corto al holocausto nazi, aunque seguimos divididos en defensores y detractores del aborto. Barcelona puede ser Majdanek, el primer campo liberado, para exponer al mundo la realidad de lo que está pasando en las clínicas abortivas. ¿Qué pasaría en la opinión pública mundial si pudiéramos ver las escalofriantes imágenes de fetos de hasta ocho meses abortados y triturados para enviarlos a las cloacas? ¿qué diferencia hay entre los hornos crematorios nazis y las máquinas trituradoras de restos fetales para la eliminar la prueba del delito?
La ideología nacionalsocialista llevó a Alemania hasta el fondo del abismo. Millones de muertos por una absurda ideología de superioridad de unos sobre otros. La supuesta superioridad de la raza germánica era tan absurda como la idea de que la madre es superior a su hijo y tiene derecho eliminarlo o a tenerlo a cualquier coste. Esta idea está hundiendo nuestra civilización. Sabemos cada día más sobre concepción, embarazo y alumbramiento pero no queremos reconocer que los embriones y fetos son hombres muy pequeños que reclaman su protección. Técnicamente seremos muy buenos, pero moralmente nefastos. El aborto nos incumbe a todos pues ¿un pequeño homicidio no es acaso un verdadero homicidio? ¿se puede sacrificar la vida de los más pequeños por la libertad de conciencia o la autodeterminación de la mujer?
El holocausto nazi llevó a la humanidad al acuerdo más importante de nuestra Historia: la Declaración Universal de Derechos Humanos. La humanidad contemplada como una familia sin distinciones de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política y de otra índole. En una familia como Dios manda, la madre embarazada es un tesoro y así tratada, pero en esta otra familia universal, hoy por hoy, no caben los más pequeños. Lo que ha pasado en Barcelona no puede parar hasta el reconocimiento científico, social y legal de toda vida humana. Los movimientos abortistas quieren utilizar la ocasión para exigir el aborto libre, pero a nadie ha gustado que no se respeten las leyes y que se maten niños que vivirían sin ayuda fuera del útero materno. Algo está ya cambiando.