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Nueva ley aborto: Motivos “in extremis” para votar NO
José Rafael Sáez March
Psicopedagogo de Menores y Profesor Universitario

Ignoro si este humilde escrito llegará a ser leído por alguno de los diputados que el próximo jueves van a votar en el Congreso, dentro de la apresurada agenda marcada por el Gobierno, la aprobación o no de la nueva ley del aborto. Sea como fuere, a ellos va dirigido. Como son personas inteligentes, me ahorro insistir sobre el hecho de que esta ley -más aún si cabe con las radicalizaciones que el PSOE ha pactado con IU y ERC- no es en absoluto una “regulación” de la vigente para evitar abortos, sino una puerta abierta al aborto libre. No nos ofendamos la inteligencia mutuamente con ese pasto mediático que el PSOE ha puesto en el comedero de la opinión pública.

Sé que muchos de ustedes ya han cerrado a cal y canto su corazón y su mente, obligándose a sí mismos a un esquizoide doble-pensar y rehuyendo cualquier tipo de mensaje, sea icónico o verbal, que puede abrir fisuras en su implacable decisión de votar lo que los mandamases de su partido les exigen. Afirman estar hartos de recibir cartas, mensajes, fotografías, vídeos, muñequitos de plástico... Lástima que no oigan al pueblo. Aún así, les pido que repasen esta carta redactada “in extremis”. Yo voy a hacer un esfuerzo para colocarme en puntos de vista que no comparto, para llevar el tema a sus más mínimas expresiones. Les suplico que lean lo siguiente:

• Si el sujeto del aborto es persona, sujeto pleno de derechos, no cabe ninguna duda: destruirlo es un cruel asesinato con premeditación y alevosía. Sólo cabe votar que no, siempre que a su Señoría le quede la decencia y la valentía suficiente para votar en conciencia y no en obediencia, aunque le cueste su escaño.

• Si el sujeto del aborto no es persona, porque considera usted que tal atribución no es ontológica, sino sólo un concepto cultural, opinable, discutible y determinable por ley, pero sí reconoce que es un ser humano vivo, en sus primeras fases de vida, la opción es la misma que en el anterior caso: debe votar que no.

• Si el sujeto del aborto no es para usted un ser humano vivo, sino sólo un “ente” biológico prehumano, sabrá que lleva en sí mismo el dinamismo natural que le llevará a serlo si no es destruido. Si ese “ente” tiene esa potencial humanidad, sólo anulable mediante su eliminación, debe ser protegido: debe votar no.

• Si el sujeto del aborto, para usted, es un ser vivo, pero no humano, como alguna ministra ha dicho, otórguele usted al menos la misma protección que nuestra cultura ha aprendido a ofrecer a todo ser vivo, a los animalitos y a las plantitas. Concederle menos protección no parece coherente ni progresista: vote no.

• Si el sujeto del aborto no está vivo, porque piensa usted que es una especie de quiste que puede ser extirpado sin más, explíqueme por qué hay que matarlo para abortar. Lo muerto ya está muerto, sin más. ¿Para qué las soluciones salinas, las sustancias mortíferas o las decapitaciones? No diga tonterías: vote no.

• Si el sujeto del aborto no es absolutamente nada para usted, no tiene más entidad que una piedra en el riñón y le importa un carajo todo lo anteriormente dicho, piense al menos en las mujeres que van a poner en peligro sus vidas y sufrir de por vida las secuelas de tan terrible experiencia. Utilice su voto y trabaje para promover políticas de ayuda a la mujer embarazada, pero no secunde esta ley.

• Y si también le importan un bledo esas consecuencias para las mujeres, porque piensa que no son ciertas o porque cree que es asunto de ellas exponerse o no a esos riesgos, considere al menos que promover el aborto es contribuir al suicidio demográfico de nuestra civilización occidental: vote no a esta ley.

Quisiera tener más luces para convencerles de que esa vida humana incipiente, ese diminuto ser humano que comienza su andadura en este mundo en el cálido y acogedor seno de su madre, esa inocente criatura cuyo dinamismo biológico es todo un empuje implacable por vivir, merece nacer, merece la misma oportunidad de gustar la vida que nuestros padres nos dieron a nosotros, merece y necesita la protección radical del Estado, lo mismo que la necesita una mujer embarazada en circunstancias difíciles, pero no merece ser envenenado, asfixiado, torturado, troceado, asesinado, precisamente en el útero materno, en la cuna de la vida, en el lugar del máximo amor.

En fin, Señoría, no olvide que el jueves no va usted a votar sobre presupuestos, paquetes de medidas económicas o sobre dónde hay que fumar o no. El voto que usted va a emitir con un movimiento de su dedo en los botoncitos que hay delante de su escaño, es el más importante que habrá hecho y seguramente hará en toda su vida. Va usted a decidir nada menos que sobre la vida y la muerte, sobre quién y cuándo es o no es un ser humano. Va usted a usurpar durante una fracción de segundo el lugar de Dios, con la facultad de definir lo que es o no es una persona y determinar si merece o no la protección del Estado. Es una decisión histórica de trascendencia radical.

No adormezca adrede su conciencia para secundar a un líder o para conservar su poltrona, por favor. Si no puede dormir pensando en su voto final, mejor que mejor: señal de que no es usted una simple marioneta, sin corazón ni cerebro, colocada en un teatrillo de guiñol sólo para hacer lo que el titiritero desee. Demuestre que es usted un verdadero político, un auténtico servidor público, una persona íntegra y responsable de sus propios actos, un ser humano que piensa por sí mismo y no mediante consignas predigeridas, una persona y no un pobre pelele. Por lo que más quiera en este mundo, por lo más sagrado, por lo más humano: pulse el botón del NO.


José Rafael Sáez March
Psicopedagogo de Menores
Profesor Universitario

 

Analisis Digital
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