Uno de los principales defectos que se atribuyen al presidente Zapatero es su indecisión patológica para tomar el camino adecuado en la gestión de la crisis económica. Pero si es verdad que esta incapacidad resulta manifiesta cuando tiene que adoptar algunas decisiones que, de antemano, sabe que son impopulares, no le ha faltado firmeza a la hora de tomar otras más acordes con su ideología.
Fue el caso, por ejemplo, de la temprana retirada de tropas de Iraq, del diálogo con ETA, del cambio en el Código Civil para introducir el “matrimonio” homosexual, la ley de Memoria histórica o la imposición de la asignatura “Educación para la Ciudadanía” como puntas de lanza de su proyecto de cambio social.
Ahí no tuvo ningún titubeo a sabiendas, también, de que se trataba de medidas polémicas que una buena parte de la sociedad ni comprendía ni admitía. ¿Por qué ahora no es capaz de afrontar unas medidas igualmente impopulares aunque sanadoras de la economía, encaminadas a reducir el déficit público, a estimular el empleo, a pagar las deudas contraídas por el sector público, a reformar el mercado laboral, etc.?
La razón es simple. Zapatero no es un hombre libre: está prisionero de una ideología que encaja con la posmodernidad y que ni es marxista, ni neomarxista, ni socialista ni siquiera socialdemócrata. Es una ideología que deriva de su postura ante la vida y que la semana pasada tuvo la oportunidad de convertirla cínicamente en “plegaria” durante el ya conocidísimo Desayuno Nacional de la Oración, en Washington.
Es la ideología de la “autonomía moral” que se traduce en la libertad “para ser verdaderos” (curiosa inversión del pasaje evangélico), es decir, libertad para hacer lo que a uno le venga en gana sin ningún prejuicio moral, porque la moral la marca cada uno con su propia conducta. Incluso puede hasta sonar bien: libertad sin ningújn tipo de restricciones, libertad para abortar, libertad para impedir la concepción, libertad sexual, libertad para definir personalmente el bien… Pronto, acaso, libertad para la drogadicción, libertad para la eutanasia y libertad para la poligamia como corolario de la libertad para el adulterio, la libertad total para el divorcio, la libertad para multiplicar toda clase de “familias”… ¿Qué más libertades? Todas las que no prohíba la ley.
El límite moral de esta ideología zapateril, en la que se mezcla el feminismo más radical sintetizado en la "ideología de género" y el relativismo más extremo, lo marca la ley de la mayoría parlamentaria. Ya veremos hasta qué punto Zapatero, cuando esté en la oposición, que deseamos sea pronto, estaría dispuesto a aceptar la derogación por otra mayoría, de todas las leyes nefandas que ha propuesto durante sus degradadas legislaturas.
Porque una de las características de su relativismo moral es que tiene ideas propias sobre lo que es bueno y lo que es malo para la sociedad.Al desconocer o rechazar la ley natural de procedencia divina, lo que hace es proyectar sobre la sociedad sus propias convicciones sin tener en cuenta la libertad de quienes no piensan como él. Zapatero puede criticar lo que dice la Iglesia a propósito de la dignidad humana, pero no aguanta que se le critique su desprecio hacia la vida del no nacido que considera inferior a la libertad de la madre para matarlo. Y si ahora duda sobre la necesidad de tomar medidas para afrontar con más garantías de éxito la crisis económica, es porque prefiere hundir a la sociedad antes que admitir que ha estado equivocado y de aceptar las recetas que le vienen de la "derecha".
Para Zapatero, el "bien común" es marginar a la oposición hasta el extremo de castigar a buena parte de la sociedad por el hecho de no respaldar sus decisiones. La indecisión de Zapatero es la indecisión del cobarde que solo busca el aplauso de los suyos -en este caso, los sindicatos- pero que no se atreve a hacerles frente por miedo a ser abucheado, criticado, descalificado... por quienes hasta ahora lo han aplaudido, lisonjeado y cortejado. Zapatero tiene miedo a perder el secreto de su sonrisa: ser considerado un hombre de "izquierdas" porque hasta ahora le ha salido muy bien zaherir y marginar a la "derecha". Hasta ahora, claro...