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La izquierda y la "hegemonía" cultural
Luis Sánchez de Movellán de la Riva
Doctor en Derecho. Profesor y Escritor

La siniestra hispana nos continúa contando las excelencias de un paraíso perdido y que hay que reconquistar. Nos hallamos en una España idílica que vive a la sombra de la hegemonía cultural del progresismo izquierdista más retrógrado. Y si la derecha liberal pide paso, suenan las trompetas radicalsocialistas del Apocalipsis para anunciarnos a los súbditos lanares que pasaremos de Gramsci a la derechona o derecha extrema, a la casposidad conservadora nacionalcatólica o al más ramplón de los fascismos.

Todavía los nostálgicos progresistas siguen viviendo en el sueño “paradisíaco” del socialismo real, de la Cuba socialcastreña o de la Norcorea orwelliana. Siguen queriendo y vitoreando un mundo que no conocieron, pero que hizo correr ríos de sangre: más de cien millones de muertos en la antigua URSS, dos millones en la pesadilla camboyana de Pol Phot o los millones de liquidados en la Revolución Cultural maoísta.

La hegemonía cultural izquierdista ha sido un “invento” de las élites rojas para diversión de progres a la violeta, pero que nunca se ha constituido como una cultura popular. Su hegemonía se ha manifestado en el ámbito de las minorías intelectuales académicas o en el relamido “poder cultural”, pero no ha calado en el sentir común de los ciudadanos de a pié.

El gramscismo cultural se manifiesta en la universidad panfletaria de los mandarines coloraos, en el cine pastueño de las subvenciones o en los diarios socialpopulistas más en declive. Pero, mientras la izquierda sigue adorando a Gramsci, la cultura popular española sigue escuchando a Manolo Escobar, sigue babeando ante el descaro retrechero de la Belén Esteban, sigue extasiándose ante una madrugá sevillana o sigue enfervorizándose patrióticamente cuando gana la Selección Nacional.

Podemos recordar cuantas canciones estúpidas, cuantas películas idiotas o cuantas parodias dementes se hicieron en la España del tardofranquismo o en la de la “adorada” Transición o de la pestilente movida tiernogalvanesca ¿Dónde quedaron programas televisivos como el “franquista” Estudio 1”o La Clave de Balbín, películas como las del maestro Berlanga, Borau o Erice, o los también “franquistas”ciclos de Arte y Ensayo sobre Bergman, Kurosawa o Fellini?

En la España de la II Restauración hemos pasado de la “hegemonía” cultural de la izquierda a la hegemonía subcultural de la sociedad consumista de masas. El modelo televisivo estadounidense, la macdonalización del mundo, el primado absoluto del carpe diem y del placer inmediato, la diversión infinita o la banalización del aparentar han contribuido a vulgarizar el gusto y el lenguaje. La hegemonía infracultural de la vulgaridad ya fue descrita por el maestro Ortega en 1930 en su legendaria obra, La rebelión de las masas.

Hay tres cosas al respecto, a considerar en el caso español: la primera, lo que ha pesado en la trivialización del gusto y del lenguaje, la ola “liberatoria” y libertaria soixante-huitard y el paso de una sociedad inhibida y púdica a una sociedad desinhibida, vulgar e impúdica; la segunda, lo que supuso para los años 80 la marea de la Movida con sus secuelas de hedonismo y liberación nihilista; y la tercera, el maremoto social actual, provocado por el gobierno radicalsocialista, con sus tsumanis destructores de Dios, de la filosofía, de la tradición, de la familia o de la nación.

 

Analisis Digital
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