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El Cardenal Tarancón y la transición
Luis Sánchez
de Movellán de la Riva
Doctor en derecho.

El cardenal castellonense, D. Vicente Enrique y Tarancón, fue la figura más emblemática de la Transición de la Iglesia en España, que sacrificó siempre sus intereses singulares en aras del servicio al bien común –de la Iglesia y de España- y que contribuyó, sobresaliente y decisivamente, a la forja de una nueva conciencia colectiva, en medio de duras convulsiones sociales, propulsando una transición socio-política ordenada y sin nuevos choques sangrientos. Fue un personaje muy relevante e influyente en su tiempo, que supo orientar a la Iglesia española en años apasionantes y dramáticos, captando los deseos y aspiraciones de los católicos españoles y adoptando posturas –muchas de las veces no bien comprendidas- que fueron decisivas.

Durante el Concilio Vaticano II (del cual, por cierto, celebramos en estos días el cuadragésimo aniversario de su terminación), su personalidad encontró su verdadero acomodo eclesial. A partir del fin del Concilio y ya como arzobispo de Oviedo, empezó a irradiar en sus pastorales ideas elaboradas durante años, que le producirían más de un disgusto. Brillaba por su dinamismo y eficacia de organización con lo que las expectativas que levantó su nombramiento quedaron colmadas. El cardenal Tarancón fue en Asturias un incansable promotor del espíritu conciliar, con un nuevo talante eclesial y un giro profundo en la pastoral diocesana. De su actividad pastoral, en sus cinco años de pontificado asturiano, quedó su disponibilidad para con todos y su generosidad y desprendimiento para ayudar a la gente sencilla. También adquirió una conciencia más profunda de la realidad de España en aquellos momentos de agitaciones obreras, huelgas reivindicativas y movilizaciones estudiantiles, con un fondo político insoslayable. Intuyó la dimensión real del futuro que se avecinaba en el que la Iglesia, dejando antiguos privilegios y especial protección del Estado, tenía que saber estar en la nueva situación y acompañar a la Patria en su devenir histórico.

Después de ocupar la sede primada de Toledo en 1969, la Santa Sede le confió en 1971 la archidiócesis de Madrid, siendo elegido, en marzo de 1972, Presidente de la Conferencia Episcopal Española. El cardenal Tarancón fue el representante claro y evidente del ala más liberal y abierta de la Conferencia, que gozó del total apoyo de Pablo VI y que sirvió para renovar el Episcopado con aires más frescos y acordes con el espíritu del Vaticano II y encauzar unas nuevas relaciones Iglesia-Estado.

Su Presidencia de la Conferencia Episcopal, desde 1972 hasta 1981, fue altamente polémica porque su vida pública al servicio de la Iglesia española suscitó no pocas contradicciones, debido a las peculiares circunstancias socio-políticas y eclesiales que enmarcaron su actividad y que le condujeron a situaciones conflictivas de difícil solución. De ahí las distintas valoraciones que se hicieron y aún se hacen, aunque su amor a la Iglesia y a España es una cuestión evidente y fuera de toda duda.

Dirigió el Episcopado español durante los últimos años de la Era de Franco y los primeros vacilantes de la Transición, luchando por sus ideas claves, a saber: a) Independencia de la Iglesia del poder político; b) No identificación de la Iglesia española con el Régimen de Franco; c) Reconciliación de los españoles, superando definitivamente la Guerra Civil; d) Defensa de la renovación del Concordato; e) Oposición a la creación de un partido político confesional; f) Extensión de la renovación conciliar en la Iglesia española; y g) Abrir las puertas a una Iglesia más tolerante y plural.

La actuación del cardenal Tarancón, en la década de los setenta del pasado siglo, al frente de la Conferencia Episcopal, fue de decisiva importancia para que la Transición política se hiciera de forma pacífica. La acción del cardenal como líder espiritual se orientó a promover la concordia, el diálogo, la reconciliación, el respeto a los derechos humanos, la independencia y la autenticidad de la misión eclesial. Protagonista y testigo de excepción de la vida de la Iglesia y de la evolución socio-política de España en la segunda mitad del siglo XX, el cardenal Tarancón publicó numerosos escritos en los que ofreció las claves de ese talante abierto y optimista, tan mediterráneo, que presidió siempre su actuación pública.

El cardenal Tarancón fue escogido personalmente por Pablo VI para ejecutar su proyecto de renovación conciliar de la Iglesia en España. Como Presidente efectivo de la Conferencia Episcopal tuvo que llevar a la práctica decisiones que iban en el camino de la total independencia política, económica y social de la Iglesia y del Estado. Muchos se empezaron a dar cuenta entonces de que el talante de apertura y diálogo del cardenal recogía los deseos de la inmensa mayoría de la sociedad, tanto creyentes como no creyentes. Fue cuando algunos políticos y periodistas empezaron a hablar de “taranconismo” para definir una actitud eclesial concreta y una actitud bien definida frente al Estado.

La vida de la Iglesia en la década de los setenta, estuvo agitada por graves divisiones internas en la acción pastoral y en la doctrina de la fé, por una disminución de vocaciones y por una profunda crisis de valores morales. La vida política y social de este período se caracterizó por un auge de conflictos sociales y del terrorismo, así como por la Transición política del Régimen de Franco al sistema demo-liberal. Pues bien, frente a todo ello, la actuación del cardenal Tarancón en este espacio crono-histórico fue de decisiva y crucial importancia para que la Transición se hiciera de forma pacífica, no revolucionaria y sangrienta, promoviendo –como ya se ha dicho- buenas dosis de concordia, diálogo, entendimiento y reconciliación, y alentando el respeto a los derechos naturales y la independencia y autenticidad de la misión de la Iglesia.

 

Analisis Digital
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