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Y Dios vio que era bueno

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LA EVOLUCIÓN DEL UNIVERSO, DE LA VIDA Y DEL HOMBRE._ No en todos los momentos ha sido fácil la lectura de estas casi 500 páginas que don Manuel -a quien aprecio sinceramente, por muchas razones- nos regala. A la complejidad del lenguaje científico se añadía una dificultad interna: sabíamos de la calidad de sus estudios sobre fenomenología e historia de las religiones, de su certero análisis sobre los orígenes del cristianismo, de sus acreditadas investigaciones sobre sectas y masonería, de sus trabajos filológicos...

Autor:.........Manuel Guerra Gómez

Editorial:.....Homo Legens

Valoración:
Lo que don Manuel Guerra ha hecho, con este trabajo, es introducirnos en la catedral recién construida de la ciencia y descubrir por dentro que lo que da sentido a la catedral está fuera

Lo que no sabíamos es de su interés por la ciencia y las relaciones fe y ciencia, teología y ciencia. Quizá sea un natural proceso intelectual de un hombre que puede ser definido como un sabio, y que hayamos topado con un eclesiástico erudito, de los que cada vez hay menos, que han hecho de la exigencia de dar razón de la fe y de la esperanza un ejemplar testimonio de vida.

Confiesa el autor que, no hace mucho, tuvo la suerte de participar, en el Vaticano, en un Encuentro internacional sobre la New Age. En la penúltima sesión, se solicitó que se hicieran estudios sobre la física cuántica o moderna, en sus puntos de conexión con la New Age, así como con los fenómenos físicos de la experiencia religiosa, de la mística, de lo parapsicológico. La Nueva Era está empeñada en hacernos creer que lo místico es natural en su explicación y, por tanto, sometido a la ciencia, que se convierte en criterio absoluto de la nueva racionalidad.

Y en la página 27 topamos con una razón del porqué de este interesante trabajo: en este año pasado, la ciudad de Burgos cuenta con un nuevo edificio, el Museo de la Evolución Humana. En palabras de E. Carbonell, codirector del equipo investigador de Atapuerca, «en Burgos habrá dos catedrales: la de las creencias religiosas y la de la ciencia». Lo que don Manuel Guerra ha hecho, con este trabajo, es introducirnos en la catedral recién construida de la ciencia y descubrir por dentro que lo que da sentido a la catedral está fuera. Es decir, que una visita a ese financiado políticamente Museo de la Ciencia sin visitar la catedral de Burgos -teología, arte e Historia- es un recorrido insuficiente, mutilado, incompleto. Tengo que confesar que, después de terminar de leer este libro, irrefrenablemente cogí la Biblia y me sumergí en los primeros capítulos del libro del Génesis.

El libro se divide en tres partes: una, dedicada al origen, la evolución y el destino del universo, las galaxias. La segunda está referida a la vida: qué es la vida, cuándo comienza, el proceso evolutivo, la hominización, la evolución. La tercera y última parte de un texto con una muy cuidada edición nos introduce en la cuestión del hombre, compuesto de cuerpo físico o material, de cuerpo energético o inmaterial y de alma espiritual. Lo que se pueda decir que desmerezca del libro, como por ejemplo una página dedicada a la historia de fantasmas de la Embajada de España ante el Vaticano (sic), es menor respecto al juicio final de una obra que sintetiza una vida y una propuesta.

José Francisco Serrano Oceja

 

Analisis Digital
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